Sus calles te reciben con silencios que hablan. Parece que la habitase un antiguo trovador cuya dama es el alma toledana, sabia en asuntos de historia, de arte, literatura, de teología, de
tradición…Insinúa en cada esquina que posee una multitud de secretos y que no te los dejará descubrir fácilmente. Es un poco recatada, quiere ser cortejada. Para llegar a ella, quizá sea conveniente
hacerse amiga primero del trovador. Sus versos se remontan muy atrás, puede cantar sobre antiguos habitantes de huella muda y arqueológica, para luego abrir paso a las legiones romanas y a sus
hábiles ingenieros, artífices de puentes que aún te cruzan sobre el Tajo con resistencia secular, aunque no inmune a los embates del tiempo. Fue varias veces agredido y otras tantas reconstruido y
acomodado a los gustos árabes y góticos hasta conformar su aspecto actual. También está el puente de San Martín, más joven que el anterior, es hijo del siglo XIII, aunque también experimentó agravios
y recomposiciones.
Elijo el Puente de Alcántara. La subida no es demasiado pronunciada y pronto me encuentro ante el Alcázar. El trovador cambia su tono y empieza a emitir con su laúd notas épicas. Se siente poderoso, augusto e imperial. Promete defenderte de cualquier agresión y, si no puede luchar, te resguardará entre sus muros el tiempo que sea necesario. Aunque quiso ser palacio no le dejaron olvidar su historia militar. Carlos V habría podido convertirlo en la sede de la corte más poderosa del mundo, pero
Elijo el Puente de Alcántara. La subida no es demasiado pronunciada y pronto me encuentro ante el Alcázar. El trovador cambia su tono y empieza a emitir con su laúd notas épicas. Se siente poderoso, augusto e imperial. Promete defenderte de cualquier agresión y, si no puede luchar, te resguardará entre sus muros el tiempo que sea necesario. Aunque quiso ser palacio no le dejaron olvidar su historia militar. Carlos V habría podido convertirlo en la sede de la corte más poderosa del mundo, pero
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