El Humanismo


"¿De qué nos sirve conocer la naturaleza de fieras, aves, peces y serpientes e ignorar o menospreciar, en cambio, la naturaleza del hombre, sin preguntarnos para qué hemos nacido ni de dónde venimos ni a dónde vamos?" (Francesco Petrarca)


¿Qué es el Humanismo? Como buenos amantes de las definiciones, tratamos de apresar en una sola palabra un sinfín de matices que nuestra mente percibe en su panorama intelectual. Sin embargo, los conceptos pueden alcanzar con el tiempo vida propia y escapar de las cadenas con las que queremos retenerlos. Tal es el caso de "humanismo", un vocablo latino que traspasó las fronteras del tiempo y la cultura para inspirar la esencia de un modo de vivir.

 

Con cierta osadía, podríamos definirlo como la necesidad de desarrollar nuestra identidad humana en el incomparable escenario que nos ofrece el universo.  Todos los seres parecen tener bien definida su naturaleza, de modo que no se ven enfrentados a tomar decisiones. El instinto guía la conducta del ratón y del elefante, del mosquito y del águila, y su función en el conjunto está predeterminada para mantener el equilibrio del ecosistema. El ser humano, en cambio,  está sujeto a otros parámetros y cada uno de nosotros puede elegir hacia dónde encaminar su proyecto de vida. Sin embargo, los grandes pensadores se han preguntado cuál es la esencia de la humanidad: qué valores, qué elementos distinguen lo propiamente humano, de modo que poniéndolos en práctica, dispongamos de todas nuestras capacidades en su máxima expresión. Así, el Humanismo sería la gran aventura de descubrirnos a nosotros mismos, de explorar nuestro cuerpo, nuestras emociones y nuestra mente, moldeándolas en base a ciertos parámetros que nos permitan hablar de la "excelencia" en el desarrollo de una personalidad equilibrada. 


El Humanismo es la gran aventura de conocernos a nosotros mismos



El Humanismo parte de la interesante idea de que las personas no tenemos una sola faceta, sino varias

Lograr esa personalidad armónica es el gran objetivo del Humanismo. Por este motivo se suele presentar también como un ideal educativo que parte de la interesante idea de que las personas no tenemos una sola faceta, sino varias, y que precisamos trabajar cada una de ellas y lograr, por último, la gran hazaña de ponerlas en sintonía unas con otras.


Para realizar ese sueño, los latinos consideraron la necesidad de abordar una serie de disciplinas que llamaron studia humanitatis, pues creían que los estudios propios del ser humano nos conectan con nuestra esencia. El proyecto fue retomado por los pensadores del Renacimiento, que consagraron como fundamentales las siguientes materias: la historia, la gramática, la retórica, la literatura y la filosofía moral. La primera nos recuerda de dónde venimos y nos permite reflexionar sobre las circunstancias de los hombres y mujeres del pasado, además de orientar nuestra mirada al futuro. Las tres centrales están asociadas al lenguaje, genuinamente humano, imprescindible en el desarrollo de nuestra arquitectura mental y fundamento de la comunicación. La última se dirige a la búsqueda de aquellos valores que inspiran una conducta elevada y noble.


Aunque las apariencias digan lo contrario, el Humanismo no es un fenómeno exclusivamente europeo. Pueblos de Extremo Oriente como China desarrollaron una visión humanista que nada tiene que envidiar a la nuestra. El pensamiento y la escuela de Confucio exponen la misma preocupación por el ser humano como individuo y como integrante de la sociedad  que pudieron tener Platón o Petrarca. Como ellos, también puso el acento en la educación, pues nadie nace sabio ni perfecto, pero sí capaz de aprender y de perfeccionarse. Confucio cree, con nuestro Platón, en la autocrítica y en el esfuerzo como catapultas de una sociedad mejor, nacida de hombres y mujeres comprometidos con su propia conciencia, la mejor maestra.


Nadie nace sabio ni perfecto, pero sí capaz de aprender y perfeccionarse