El sentido de la palabra "Academia"


Hacia el año 388 a. C. el gran Platón fundó su centro de estudios en los jardines del héroe Academos. Este héroe, por extensión, dio nombre a ese templo del conocimiento que se mantuvo abierto hasta 529 d.C., cuando el emperador Justiniano lo ordenó cerrar, condenando a su vez la filosofía y el pensamiento de la Antigüedad clásica.  Sin embargo, la fama que alcanzó esta escuela fue tan espectacular que dos mil años después la seguimos empleando para designar espacios de aprendizaje.


Hemos elegido la palabra Academia justamente para evocar todos los significados primigenios de una escuela platónica, en la que se dan la mano filosofía, ciencia, arte, hermenéutica, historia, retórica y ética, entre otras muchas disciplinas. Si repasamos el devenir de la Europa occidental podemos descubrir que algunos de sus momentos de mayor esplendor estuvieron animados por academias de corte neoplatónico, capaces de actuar de núcleo inspirador y difusor de las ideas antiguas y contemporáneas. El caso más célebre tuvo lugar en Florencia durante el Renacimiento: artistas, científicos, abogados, políticos y filósofos encontraron en la Academia de Marsilio Ficino, bajo la protección de los Médicis, un punto de encuentro. Del intercambio de ideas que allí se dio surgió la revolución más pacífica que se conoce. 


Hoy vivimos tiempos extraordinarios, a medio camino entre el bienestar y la permanente amenaza de una crisis económica y de valores; estamos en la cima de muchos logros sociales y a la vez percibimos, tras la abrumadora nube de la tecnología, una deshumanización creciente. Todo parece estar ya escrito y da la sensación de que ninguna idea nueva destacaría en este torrente de información. Sin embargo, como esa gota de agua que se añade al océano sin apenas modificarlo, la Academia Idearte nace con el afán de sugerir y dar a conocer ideas, imágenes y símbolos al conjunto de la sociedad, para colaborar en la construcción de ese futuro mejor que todos anhelamos.