En este post quiero aproximarte de manera sencilla a una obra maestra de la literatura universal que ha dado pie a un amplio imaginario artístico: la Divina Comedia de Dante Alighieri. A través de numerosas obras pictóricas y escultóricas, reflexionaremos sobre las propuestas morales, sociales y espirituales que el gran poeta florentino desplegó en sus memorables versos.
Me llamo Naty Sánchez Ortega y soy Licenciada en Historia y escritora. A través de este blog te invito a descubrir algunos de los temas más fascinantes sobre Historia, Arte y Literatura. Después de leer el post, encontrarás enlaces a vídeos relacionados con el mismo tema con los que puedes ampliar tu lectura.
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Dante Alghieri vivió entre 1265 y 1321 y fue un poeta, filósofo y político florentino que se vio inmerso en los enfrentamientos entre güelfos negros y güelfos blancos de la ciudad de Florencia, acabando exiliado a causa de sus posturas políticas contra los güelfos negros. Durante ese exilio, escribió una obra maestra de la poesía europea: la Divina Comedia. A través de un relato de corte autobiográfico y simbólico, el propio Dante realiza un viaje extraordinario más allá de las fronteras de la muerte y se adentra en las misteriosas regiones del Infierno, el Purgatorio y el Paraíso.
Le auxilian en su viaje tres guías inolvidables: Virgilio, el gran poeta latino autor de la Eneida; Beatriz, la amada inmortal de Dante que había fallecido muy joven y que velaba por él desde el Paraíso, y San Bernardo de Claravall, una de las mentes más lúcidas de la Edad Media. De la mano de Virgilio, el poeta florentino desciende a los Infiernos y, tras cruzar sus terribles puertas ("Abandonad toda esperanza los que entráis"), recorre los nueve círculos descendentes de estas horrendas regiones de tormento perenne. Allí se encuentra con todo tipo de personas, hombres y mujeres, castigados a penas espeluznantes. En muchas ocasiones, se detiene a conversar con ellos: son personajes históricos, reales, algunos del pasado y otros de su propio tiempo, a los que Dante adjudica condiciones morales de uno u otro tipo.
Las escenas que ofrece el Infierno han dado lugar al epíteto dantesco (algo que impresiona por su carácter terrible) y ha sido motivo de numerosas obras de arte desde poco después de la vida del poeta hasta nuestros días, con autores de la talla de Auguste Rodin, Eugène Delacroix o William-Adolphe Bouguereau: los tortuosos castigos, las expresiones atormentadas, los escorzos serpentinos y los demoníacos guardianes nos asombran y nos abruman, despertando también una profunda compasión y una honda reflexión moral.
Dante fue un hábil creador de imágenes: su arcilla fue la palabra. Con su pericia para utilizar ese poder, pretendía zarandear el alma del lector sin decirle abiertamente: "aún estás a tiempo de cambiar el veredicto final". Y si bien es cierto que él escribía para creyentes, para una sociedad plenamente integrada en un sistema de creencias donde la conducta de esta vida tenía sus consecuencias en la experiencia post mortem, no deja de ser, en muchos pasajes, un exaltado alegato a una ética universal, pues gran parte de las virtudes que contrarrestan los "pecados" expuestos son la base de la civilización misma. De ahí que el lugar más bajo del Infierno no esté destinado a los herejes, por ejemplo, como cabría esperar de un modelo social más religioso, sino a la traición, que resquebraja todo los niveles de la convivencia humana, desde el familiar hasta el estatal.
Los tortuosos castigos, las expresiones atormentadas, los escorzos serpentinos y los demoníacos guardianes nos asombran y nos abruman, despertando también una profunda compasión y una honda reflexión moral.
Tras dejar atrás al mismísimo Lucifer, todavía guiado por Virgilio, se acerca al Purgatorio, una isla flotante que se eleva a través de siete repisas (los siete pecados capitales) hasta el Paraíso terrestre. Las almas de los que han conseguido salvarse gracias a su arrepentimiento llegan en una barca guiada por un ángel y pagan un tiempo por sus culpas, pero después podrán acceder al Paraíso, a diferencia de los condenados en el Infierno, que permanecerán allí para siempre. Algunos pintores han mostrado con gran belleza esta imagen del Purgatorio y numerosos artistas -ora en lienzo, ora en mármol- han dado rostro a figuras entrañables como Pia de Ptolomei o la misteriosa Matilda, aunque sin duda la escena más recurrente llevada a las artes plásticas ha sido la aparición gloriosa de Beatriz en el Paraíso Terrestre. Me encanta releerla de vez en cuando, en alguna de las muchas ediciones que tenemos en castellano (yo tengo tres, y voy alternando). El despliegue escénico es digno de la corte celestial: la dama se presenta como una criatura luminosa vestida de blanco, rojo y verde, sobre un carro tirado por grifos y un gran cortejo divino. Dante apenas puede soportar la impresión y, embargado de una profunda emoción, exclama: "¡Conozco el signo de la antigua llama!" Sus palabra iban dirigidas a Virgilio, pero "este no estaba ya a la espera". La aparición de Beatriz supone la desaparición del poeta mantuano... Muy duro tiene que ser el corazón del lector para no dejar escapar aquí algunas lágrimas.
A partir de ahí se inicia el ascenso de Dante al Paraíso, donde conversará con grandes mujeres como la reina Constanza, con poderosos gobernantes como Justiniano o Trajano y con los más excelsos místicos y teólogos de la cristiandad, como Santo Tomás. Es cierto que cuanto más nos elevamos a las regiones celestes, menos recurrentes son las obras de arte, sea porque lo siniestro ejerce más atractivo en el artista y en el público (la perenne fascinación del mal), sea porque son menos los que avanzan hasta los versos más nobles y luminosos del gran toscano, atrapados en la trama infernal. El Paraíso es una oportunidad de descubrir la esencia de aquellos actos que honran la condición humana. Las conversación que establece con algunos personajes puede resultar, a un lector moderno, algo lejana y desconectada de la vida moderna, pero si uno consigue dejar atrás prejuicios religiosos, encuentra caminos hacia la idea que hay de fondo: la aspiración espiritual y ascendente del alma humana. En cualquier caso, déjate deslumbrar por una bellísima pintura de Cristóbal Rojas titulada Dante y Beatriz a orillas del Leteo o la radiante Beatriz de Odilon Redon: es toda luz, una expresión traslúcida de la excelencia ética y la pureza espiritual que identificamos con el Bien.
Te invito a seguir saciando tu curiosidad sobre esta obra maestra de la literatura universal en las charlas de mi canal de Youtube que te dejo abajo. En La Divina Comedia de Dante y su impacto en el arte trato de concentrar todo el argumento del poema con su despliegue artístico; en la que he titulado Dante y Beatriz: historia poética y pictórica de un amor inmortal, hilo toda la historia de Dante y Beatriz; por último, en la charla Dante y Giotto: abriendo caminos al Renacimiento, presento a Dante en paralelo a Giotto, el titán de la pintura de su época. Espero que te resulten interesantes para comprender mejor la Divina Comedia, si es que ya la has leído, o que te anime a emprender esta aventura literaria si aún no has tenido oportunidad. Déjame tus comentarios y conversamos un poco sobre el tema.





















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María Antonia Pitarch (lunes, 09 marzo 2026 11:42)
Una clarificadora presentación que anima a la lectura de la obra y, por supuesto, muy bien complementada a través de la tradición e interpretación de maravillosas obras de arte.
Como siempre, Naty poniendo en relación un todo artístico.
Mercedes Lafuente (lunes, 09 marzo 2026 15:49)
Una magnífica presentación.
La combinación de la explicación con las ilustraciones de obras de arte, ponen de manifiesto la gran influencia que ha tenido a lo largo del tipo.
Gracias por la exposición tan clarificadora.