La Lírica


             Decía Ortega y Gasset que “la lírica es una exhalación de la intimidad del autor”. Efectivamente, entre los tres grandes Archigéneros o Géneros naturales (Lírico, Épico-narrativo y Dramático), la Lírica se caracteriza por expresar la realidad interior del autor, sus propios sentimientos, o bien la visión particular que tiene del mundo que le rodea, de la vida y de los demás. Así, si aparece en su escrito una realidad exterior a él, siempre estará teñida de su visión subjetiva y personal: será un punto de vista teñido de sus emociones, que transforman su entorno y le hacen percibir en cada suceso, objeto o persona un contexto propio.

             El verso no es exclusivo en el lenguaje lírico, pero sin duda ha sido siempre su modo de expresión más genuino y, por ello, “poesía” y “lírica” han tenido tendencia a identificarse hasta el punto de que, cuando queremos referirnos a un escrito en prosa dentro del ámbito lírico, lo denominamos “prosa poética”. Tal fenómeno se debe a que la función poética, en la obra lírica, se expande con singular fuerza. Los distintos y numerosos recursos del lenguaje acaparan el protagonismo, porque junto con los sentimientos que anhelan ser expresados late también una poderosa voluntad de forma, una intención estética que se derrama en casa sustantivo, cada epíteto, cada verbo… y el conjunto de la frase nace así bañado de belleza literaria.

             Los expertos en esta temática señalan tres actitudes líricas que definen la relación vinculante entre el poeta y la realidad:

    1.- Emoción lírica: desde esta actitud, la obra está condicionada por la realidad exterior al autor.

    2.- Apóstrofe lírico: como eje de esta perspectiva, el poema está dirigido por un “tú” que se entroniza en el poema y que sirve de interlocutor al poeta.

    3.- Lenguaje de canción: nuestro trovador, desde esta actitud, está solo consigo mismo, inmerso en su propia realidad, creando a través de su “yo” más profundo.

            Los subgéneros líricos son muy abundantes y han ido ganando y perdiendo protagonismo en cada momento histórico, a la vez que iban viendo nacer nuevos hermanos de su prolífico padre. Referiremos a continuación el nombre de los más destacados, que irán siendo estudiados con mayor detalle en esta sección:

 

En verso:

  • Oda
  • Elegía
  • Égloga
  • Sátira
  • Epigrama
  • Epitalamio

En prosa:

  • Prosa poética

Cantado:

  • Canción

            La Lírica encuentra sus orígenes en Grecia, donde los poemas se concebían para ser cantados o recitados en público, más que para ser leídos de forma individual; normalmente, el texto se engalanaba con la música emitida por distintos instrumentos, pero la lira siempre tuvo entre ellos especial preponderancia y acabó por ceder su nombre al género. Sin embargo, la lira era también uno de los símbolos característicos de Apolo, divinidad que protegía las artes y regía a las Nueve Musas que las custodian, lo que añade una importante connotación simbólica al instrumento.

            La Lírica no sólo busca la bella expresión de los sentimientos y pasiones humanas, además pretende transmitirlos a sus lectores-oyentes, evocando en su imaginativo corazón el mismo tropel sensitivo que envuelve y seduce al poeta. Así, la lírica se convierte en una reflexión compartida de aspectos humanos tan intemporales que convierten cada obra en una página de la historia humana que nunca pierde actualidad. El amor, la amistad, la belleza, la alegría, la esperanza, la soledad, el miedo, la angustia, la desesperación… envueltos de aliteración, de rima, de ritmo, de metáforas, de símiles, de símbolos y de cuantos recursos ofrece la lengua, que son ofrecidos una y otra vez con las particularidades propias de cada poeta y leídos una y otra vez con las características singulares de cada lector.

            Vive así la poesía lírica en la eternidad, naciendo y muriendo una y otra vez en las manos de los seres humanos. Todo está escrito y nada está escrito, pues cada sentimiento, cada verdad, cada experiencia de la vida existe por vez primera en cada persona con un matiz propio y particular, que sólo el arte puede comunicar, directamente, de un corazón a otro.