La educación de Alejandro Magno (I)

Naty Sánchez Ortega

Siempre me ha parecido curioso el hecho de que, frente a la mayoría de historiadores y aficionados que tienden a destacar el genio militar de Alejandro Magno, pocos hayan prestado mayor atención a la educación que recibió. A menudo se tiende a considerar que los talentos de Alejandro eran innatos, como si no hubiera cultivado y desarrollado con su propio esfuerzo las virtudes que hicieron de él y de sus hazañas una leyenda. Sin embargo, cuando comprendemos las ideas, valores y conductas que estas personas desarrollaron en su fase educativa, y el impacto que tuvieron en su ejercicio del poder, llegamos a conclusiones muy interesantes.


Por mi experiencia, creo que es vital que nos fijemos en la educación que recibieron los hombres y mujeres que cambiaron la historia; al hacerlo descubrimos que su formación pudo haber sido la piedra filosofal que potenció e hizo florecer sus cualidades innatas gracias a unos hábitos adquiridos



Alejandro Magno tuvo varios maestros. El más vinculado a su familia se llamaba Leónidas y estaba emparentado con la reina Olimpia, por lo que a menudo se le consideró no sólo un pedagogo, sino también lo más cercano a un abuelo que llegó a tener. Leónidas forjó la austeridad del carácter del príncipe. Se dice que cuando Alejandro restituyó en su trono a la reina Ada de Caria, ésta quiso agasajarlo enviándole cada día los más exquisitos platos de sus regias cocinas. Para su sorpresa, Alejandro los rechazó, argumentando que su maestro Leónidas le había proporcionado ya los mejores cocineros del mundo, a saber: una larga marcha antes del desayuno, el cual, además, debía ser muy ligero para llegar con hambre a la comida principal. Para asegurarse de la eficacia de sus enseñanzas, Leónidas registraba la habitación y las pertenencias del muchacho, pues quería estar seguro de que la reina Olimpia, víctima de su amor materno, no hubiese escondido ninguna exquisitez entre la ropa para que la comiera a escondidas. Esta austeridad fue una de las virtudes ejemplares de Alejandro. Cuando regresaba de La India con su ejército, optó por acompañar a sus hombres por tierra en vez de marcharse con la expedición que envió por la ruta marítima; bebió y comió lo mismo que sus exhaustos soldados, soportando el calor y las dificultades del camino como el que más. Este tipo de conductas eran las que conquistaban el reino más difícil de todos: el corazón de quienes le servían y daban su vida por él.

 

Leónidas enseñó al príncipe a realizar las ofrendas a los dioses. En cierta ocasión sorprendió al niño cogiendo con sus manos grandes puñados de incienso y se apresuró a amonestarle con estas palabras: "Alejandro, el día que domines la tierra de los perfumes podrás echar el incienso con tanta generosidad, pero de momento usa con moderación del que dispones". Años después, cuando había conquistado ya medio imperio persa, le envió a su maestro quinientos talentos de incienso y cien de mirra. Los acompañó de una nota donde demostraba que no había olvidado aquella lección: "Te envío abundante incienso y mirra para que en adelante no escatimes con los dioses" (Plutarco, Alejandro Magno, XXV, 7).

La reina Olimpia, madre de Alejandro.
La reina Olimpia, madre de Alejandro.
Célebre escena de la Guerra de Troya protagonizada por Aquiles, modelo de Alejandro Magno.
Célebre escena de la Guerra de Troya protagonizada por Aquiles, modelo de Alejandro Magno.

Alejandro Magno; Aquiles; arte; Troya;
Alejandro Magno visita la tumba de Aquiles antes de iniciar la conquista del imperio persa. Giovanni Paolo Panini (1718). The Walters Art Museum

Otro de sus maestros fue un tal Lisímaco de Arcaniana. Sabemos menos sobre él, pero aportó a Alejandro una idea que la acompañaría toda su vida. Se acostumbró a comparar al príncipe con el gran Aquiles, generando un estrecho vínculo personal entre el muchacho y el gran héroe homérico.  Cuando cruzó de Europa a Asia, antes de iniciar su enfrentamiento con los persas quiso visitar y honrar la tumba de Aquiles, ubicada al parecer en las inmediaciones de Troya. Le hizo varias ofrendas, ungió con aceite la estela de la tumba y corrió una carrera con sus amigos en honor al hijo de Peleo. Ante su tumba, emocionado, lo consideró afortunado por haber tenido en vida un fiel amigo y en la muerte al mejor pregonero para sus hazañas. La Ilíada fue uno de los textos fundamentales en la vida de Alejandro, al igual que para la mayoría de jóvenes griegos, pero en su caso se convirtió en un símbolo de identidad personal. La llevó consigo en todas sus campañas y se dice que cuando se iba a dormir metía bajo su almohada un puñal y su ejemplar de Homero. Tras conquistar la ciudad de Gaza le trajeron una cajita realizada con lujosos materiales que había pertenecido al gran tesoro de Darío. Sus amigos propusieron varias cosas que podría depositar en ella, pero él decidió que sería para guardar La Ilíada y así lo hizo.

 

El más célebre de los maestros de Alejandro Magno fue el filósofo Aristóteles, discípulo de Platón. De él hablaremos en el próximo post, ¡no te lo pierdas!


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Comentarios: 3
  • #1

    Laura (jueves, 30 agosto 2018 18:25)

    Sin duda la educación tuvo un papel clave en la historia de este hombre. A ver qué nos cuentas de Aristóteles. �

  • #2

    Charo (viernes, 31 agosto 2018 10:29)

    Ya estoy deseando esa nueva explicación...

  • #3

    Luis (viernes, 31 agosto 2018 14:53)

    La vida de Alejandro me parece fascinante. Espero ansioso la proxima parte.

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