La Troya de Homero


Naty Sánchez Ortega

"Canta, diosa, la cólera aciaga de Aquiles Pelida,

que a los hombres de Acaya causó innumerables desgracias y dio al Hades innúmeras almas de intrépidos héroes"

Homero, Ilíada, I 1-3



Guerra de Troya; Helena de Esparta; Paris; manzana de la discordia;
Los amores de Paris y Helena, por Jacques-Louis David (1788). Museo del Louvre, París.

Helena fue a su vez la manzana de la discordia que arrastró a unos y otros a una guerra que duró más de una década y cuyo recuerdo perduraría en la memoria profunda de Europa hasta nuestros días.

Los viejos poemas de Homero conocen el arte de renacer, una y otra vez, en nuestra memoria. Tejidos en versos inmortales hace más de tres mil años, encuentran en cada generación el modo de volver a ser cantados, sea sobre el papel, sobre lienzos, sobre muros o en la gran pantalla. Sus personajes siguen despertando asombro, rechazo, admiración o misterio, tanto los masculinos como los femeninos, cada uno con su propia dosis de fatalidad y de grandeza. 

 

Todo empezó con una manzana. Sí, la famosa manzana de la diosa Discordia (Eris), quien se sintió ofendida porque no la habían invitado a la boda de Peleo y Tetis, padres de Aquiles. Para vengarse, en medio del festejo, arrojó una manzana con la pérfida inscripción "Para la más bella". Las diosas Afrodita, Hera y Atenea se atribuyeron de inmediato tal mérito, y Zeus, que no quiso tomar partido, nombró como juez a un joven pastor llamado Paris. Afrodita le ofreció, a cambio de ser la elegida, el amor de la mujer más bella de Grecia. Hera, por su parte, le propuso ser el hombre con más poder y gobernar el mundo; mientras que Atenea le prometió convertirlo en el mejor guerrero de todos los tiempos. Paris no dudó al elegir y Afrodita recibió la manzana.  Este muchacho era en realidad el hijo de Príamo, rey de Troya, pero durante el embarazo, su madre Hécuba había soñado que portaba en su seno una piedra candente que destruiría la ciudad. Por ese motivo decidieron abandonarlo a su suerte en el Monte Ida, destino del que le salvó su verdugo movido por la compasión.

 

Tiempo después conocería su identidad y siendo ya un príncipe reconocido por su familia viajó a Esparta, donde conoció a la esposa del rey Menelao, la reina Helena. Ayudado por Afrodita, que acudió a cumplir su promesa, Paris la secuestró y se la llevó tras los muros de Troya. Helena, por tanto, fue a su vez la manzana de la discordia que arrastró a unos y otros a una guerra que duró más de una década y cuyo recuerdo perduraría en la memoria profunda de Europa hasta nuestros días.


Menelao reunió un ejército para rescatar a su esposa con la ayuda de su hermano Menelao, rey de Micenas. A ellos se unieron los más importantes guerreros de la época, destacando Aquiles, Ulises (también llamado Odiseo, protagonista del segundo poema de Homero, La Odisea), Patroclo, Áyax (de trágico destino) o el anciano Néstor, quien no combatió, sino que aportó la sabiduría y los consejos de su avanzada edad. 

Príamo; Héctor; Aquiles; Guerra de Troya; Ilíada;
Priamo suplicando a Aquiles el cuerpo de Héctor

En Troya, Príamo tuvo que convocar también a los héroes más selectos para enfrentarse a tan impresionante ejército, que de hecho mantuvo a la ciudad sitiada durante años. Ante todo su hijo Héctor, para mí el más noble de los héroes de La Ilíada, que murió a manos de Aquiles en un duelo de gigantes. Príamo suplicó al hijo de Tetis que le devolviera el cuerpo de su hijo para honrarle con los ritos fúnebres propios de los héroes. También luchó Paris, causante de la guerra; sin ser un gran guerrero fue el elegido por los dioses para matar a Aquiles; lo logró disparando una flecha a su único punto débil, el talón, la zona por la que su madre Tetis lo había sostenido al sumergirlo en la laguna Estigia con intención de hacer su cuerpo invulnerable. Otro nombre destacado entre los troyanos es Eneas, que al caer Troya huirá por el Mediterráneo hasta llegar a Italia, donde su hijo Iulo-Ascanio será considerado fundador mítico de Roma.

el mayor problema no era buscar indicios de Troya, sino el hecho mismo de creer o no en su existencia. Para la mayoría de historiadores del siglo XIX, Troya era solo un relato literario, un poema épico tejido por la tradición sin verdadero soporte histórico.

Los hechos históricos que recoge La Ilíada han sido sobrepasados por la fuerza de la mitología y el retrato moral de sus personajes. Con el paso de los siglos, cuando una nueva Troya sepultó los restos quemados de la antigua, y ésta a su vez pereció con la caída del mundo clásico, apenas una serie de puntos simbólicos permitían imaginar el emplazamiento original. Sin embargo, el mayor problema no era encontrar tales indicios, sino el hecho mismo de creer o no en su existencia. Para la mayoría de historiadores del siglo XIX, Troya era única y exclusivamente un relato literario, un poema épico tejido por la tradición sin verdadero soporte histórico. He aquí, por tanto, el mayor mérito del descubridor de Troya: Heinrich Schliemann. Estaba convencido de que tanto los hechos como los personajes de su poema favorito habían existido y demostrarlo podía ser tan fácil como seguir las indicaciones de Homero y otros autores antiguos al respecto de la ubicación de Troya. Así lo hizo, y en 1871 se situó ente los famosos ríos Escamandro y Simois, en la colina llamada Hissarlik, y encontró las ruinas de varias ciudades superpuestas, una de las cuales había sido pasto de las llamas. 

 

Continuará...

Heinrich Schliemann; Troya; descubrimiento de Troya; Hissarlik; arqueología; Grecia; La Ilíada;
Heinrich Schliemann, descubridor de Troya y de Micenas.

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El día que Troya dejó de ser una leyenda


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Comentarios: 8
  • #1

    Carlos Reissig (viernes, 11 mayo 2018 17:53)

    Que chulo!!!

  • #2

    Laura Sánchez (viernes, 11 mayo 2018 18:16)

    ¡Qué tema tan bonito! ¿Y cómo hizo Schliemann? ¿Qué pasó?

  • #3

    Naty (viernes, 11 mayo 2018 18:32)

    El lunes la segunda parte, con el relato de las aventuras de Schliemann!! :)

  • #4

    Júlia (viernes, 11 mayo 2018 21:18)

    Un tema molt interessant!

  • #5

    Rosaana (sábado, 12 mayo 2018 16:23)

    Lo que estoy aprendiendo con este blog, qué maravilla!! Lo explicas genial.

  • #6

    Estela Arellano V. (sábado, 12 mayo 2018 20:05)

    Hermoso como lo relatas pregunta cómo puedo seguirte
    Extraño mucho tus clases y a ti las conferencias que nos daban y el amor que nos hacían sentir por la filósofa no lo he vuelto a sentir los quiero Maestros

  • #7

    Naty (domingo, 13 mayo 2018 01:08)

    Muchas gracias a todas. Estelita, vamos a organizar clases por internet, estoy viendo cómo y muy pronto nos vamos a ver con la magia de la tecnología. Te envío mientras tanto muchísimos besos y abrazos. Yo también te extraño.

  • #8

    Laura Ortega (sábado, 19 mayo 2018 16:47)

    Qué tiempos aquellos!! muy bonito el artículo

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